... y no busquéis segundas intenciones. Quiere decir justamente lo que dice:
En el mundo existe siempre
quien del otro se aprovecha,
que va huyendo del combate
y es de quien gana la guerra.
sábado 21 de noviembre de 2009
Tal cual es...
sábado 7 de noviembre de 2009
Nana para cuando mi nieto se despierta
Entra por la ventana
un día nuevo
y esa sonrisa clara
rinde a tu abuelo.
Cuando abre los ojitos
sobran palabras,
lo que piensa imagino
por su mirada.
Si a la cuna me acerco
tiende las manos
y lo aprieto en mi pecho
para besarlo.
Si me mira y se ríe
cierra mi mundo
y no tengo más lindes
que las del suyo.
Por hacerme a su tiempo
se para el mío,
que los pasos los llevo
por su camino.
Hoy hace dos años que nació mi nieto.
miércoles 4 de noviembre de 2009
Un mes sin fumar
Hoy se cumple un mes desde que intenté dejar de fumar. Sigo sin hacerlo. Después de más de cuarenta años consumiendo tabaco, me ahorro explicar lo que prohibírmelo me cuesta. Pero le voy a echar coraje hasta conseguir abandonarlo de manera definitiva. Voy dejando "testigos" que me dificulten la vuelta atrás.
A quienes, siendo fumadores, sientan la necesidad de pasar al grupo de ex, les diré que cuesta, ciertamente. Pero que se soporta mejor que otras renuncias. Hay dos o tres "achuchones" al día en los que persistir en la decisión requiere de infranqueable voluntad. Y luego está la memoria, impertinentemente selectiva, que asocia el tabaco tan sólo a momentos agradables, de celebración o disfrute, olvidando las incontables ocasiones en que la desmesura en su consumo tenía más de masoquismo que de placer.
Todo parece, por ahora, más aburrido. Pero estoy seguro de que renunciar al tabaco me procurará la vuelta a sensaciones de las que, por causa de la temprana edad en que me inicié en su consumo, apenas guardo recuerdo.
A pesar de mi decisión, pueden estar seguros quienes ante mí fumen que nunca trocará mi condición de fumador en la de penoso intransigente. Allá cada cual con sus costumbres, que yo intentaré disfrutar de mi olfato.
miércoles 16 de septiembre de 2009
El valor de la sangre
Salvador Pendón (el tercero) es el hijo mayor del mayor de mis hermanos. Es médico y concejal de Izquierda Unida en El Borge. Lo veo poco. Hoy me ha enviado el siguiente comentario a este blog:
Hola!:Soy Salva, tu sobrino (como yo digo, el otro salvador pendón). Simplemente te escribía para saludarte y decírte que sigo asíduamente tu blog. Me parece uno de los mejores blogs personales de personas públicas, pues no es un sitio para el autobombo como el de otras personas que os dedicais a la politica, sino que es bastante personal y expones mucho en él. Felicidades. Yo también tengo un blog desde hace algo más de un año. Se llama miles de piedras pequeñas y en él voy plasmando cosas que van sucediendo. Quizás pueda parecer extraño, pero comparando ambos me di cuenta que nos parecemos bastante en algunas formas de enfocar la realidad. Te dejo la dirección de un post reciente que quizás te interese y de paso puedes visitar todo el blog. Un abrazo.
No tengo los conocimientos de informática necesarios para trasladar, de manera que se pueda activar, la dirección del post a que se refiere, así que, aunque el mismo es largo, lo copio y pego. Es la mejor manera que tengo de darle las gracias. A mi sobrino y al primer Salvador Pendón:
Gente del Sur
El hombre del pelo blanco sigue sentado en la silla de madera. Arqueado sobre su espalda y doblado ante ochenta años de vida, espera el parte de las dos en radio-nacional. En la habitación blanca, como blancas son las habitaciones del sur, desnuda de cuadros; una gran mesa, unas sillas, una mesita y una antigua radio desgranando noticias. Se oye un tamborileo monótono, sin ritmo, el toc-toc-toc de un bastón golpeando el borde de la mesa. El sonido del Parkinson.El hombre del pelo blanco lo oye desde hace casi once años, cuando su mano empezó con ese temblor extraño, ajeno, tóxico.
Hombre del pelo blanco, hombre del sur. Junto a él, un niño de apenas diez años. No lo cuida, simplemente le ayuda a levantarse, le acerca el vaso de agua, le ayuda a encender los cigarrillos Rex y oye sus historias. Historias inolvidables. Cuentos heredados que el niño retiene en su mente, palabras con sabor a añejo como granuja, perro-lobo u hogaño, que nunca más oiría en boca alguna. Palabras hundidas en el abismo del olvido colectivo.Una mañana el anciano le dijo al niño:
-Algún día oirás que los del sur no servimos para trabajar, que somos pandereta, vino y flamenco. No lo creas.
El niño no entiende las palabras del anciano, pero las guarda en la memoria. El hombre del pelo blanco le cuenta cómo fue su infancia, de piojos y colchones compartidos, en una tierra seca y áspera. Cómo lo encarcelaron con siete años por robar leña en un invierno helado y cruel. Le explica cómo eran aquellas enfermedades en que los niños morían ahogados por una tela en la garganta
-Era la diteria, y cada año moría algún niño –le cuenta recordando noches de frío y sarmientos robados -luego llegó la tisis y también murieron muchos echando sangre por la boca. Eso ya no existe hoy en día.
Y si su infancia fue dura, su juventud no lo fue. Ni dura ni triste. Simplemente no existió.Una guerra absurda como todas, con una posguerra terrible hizo que su infancia saltara en mil pedazos. De aquella época sólo le cuenta una cosa:En esa época trabajaba a cambio de comida. Una comida al día. El trato era trabajar como una mula. A cambio podía comer la cantidad que pudiera de una sola sentada en una gran olla compartida. Una tarde, tras comer calabaza con tocino salado, vio cómo colgaban de un olivo a un vecino. No pudo volver a comer calabaza en toda su vida.
Al acabar la guerra partió a la siega, decidido a comprar su trozo de tierra. Cuando aún no existía la cosechadora, en la campiña sevillana, los grandes terratenientes hicieron fortuna gracias a los braceros. Los braceros, hombres del sur que, hoz en mano, se partían los lomos dieciséis horas diarias a cambio de una peseta al día. En aquella época un pan valía una peseta y media. Pero el hombre del pelo blanco logró juntar dinero bastante para comprar un trozo de tierra.La tierra más barata, la de una de las zonas más áridas de aquel país seco y yermo. Una tierra pedregosa y ruin, incapaz de devolver ni siquiera una milésima parte del trabajo en ella invertido. Tierras lorquianas aquellas, tierra para titanes.Y después plantó simientes que se convertirían en viñedos.
Pronto formó una familia. Durante unos años vivieron en una choza con una lona, varios palos y un quinqué. Cuando llovía cada uno debía coger su colchón y correr bajo la lluvia en busca de refugio.Y el hombre del pelo blanco decidió que tendría una casa. Para ello se debió hacer más de doscientos hoyos. Para plantar un olivo es necesario hacer un hoyo del tamaño de una persona en la piedra caliza. Cuando no existían las excavadoras, se hacían a mano, y el hombre del pelo blanco empleó cientos de tardes y noches haciendo hoyos hasta conseguir su casa.
Y pasaron los años. Y tuvo una familia. Y la espalda del hombre del pelo blanco se fue encorvando por el trabajo de sol a sol, pero consiguió algo casi milagroso…aquellas tierras duras del sur que cultivó dieron unos frutos extraordinarios. Y pudo conseguir darle a sus hijos incluso una educación y mandarlos a estudiar a la capital.Hasta que apareció aquel temblor.
Entonces el hombre del pelo blanco debió jubilarse, dedicándose a intentar no caerse al caminar, oír el tamborileo de su bastón y criticar las noticias del parte en radio-nacional.Y así pasó aquel verano de cuentos y cigarrillos a escondidas.
Una tarde de esas absurdas, se dejó de oír el toc-toc-toc en aquella sala blanca del sur, y el informativo de las dos en radio-nacional calló para siempre. Veinte años más tarde, aquel niño olvidó algunos de sus cuentos de granujas, condesas y bandoleros. Pero hay algo que casualmente nunca olvidó: Se equivoca quién crea que los del sur sólo servimos para la pandereta, el vino y el flamenco.
El hombre del pelo blanco se llamaba Salvador Pendón, curiosamente igual que yo. Era mi abuelo, mi otro abuelo. Como él, muchos millones de personas en el Sur dejaron sus espaldas, sus fuerzas, sus vidas, en su lucha por Vivir. Gracias.
viernes 4 de septiembre de 2009
Recuerdos del verano - 3
Un grupo de ciudadanos de Villanueva del Trabuco, entre los que se encuentran algunos compañeros de la infancia y la adolescencia y otros que desde entonces siguen siendo amigos, han constituido una plataforma cultural a la que han denominado "Pepillo el Indio", en recuerdo de un convecino que entregó parte de su vida al noble arte de la música.
El pasado día 28 celebraron la segunda edición de su festival de música alternativa. Buena excusa para ir de nuevo a tan hermosa localidad y tener, una vez más, la suerte de disfrutar de la amistad de quienes generosamente la ofrecen y de la hospitalidad de un pueblo que se "echa a la calle" para dar vida a uno de los espacios públicos con más encanto de la provincia: la Plaza del Prado.
Este fue el escenario del festival. Seré breve, porque no mucho se necesita para explicar el generalizado dicho de que "donde menos se espera salta la liebre". Frasco el Puntero es un gitano del Trabuco que debe rondar los setenta años. Acompañado por la guitarra de su hijo Manuel, cantó una de las mejores soleares que en los últimos años he escuchado. Corta, pero tirando "a matar". Perfecta en su cuadratura y profunda en su emoción. Porque me gustaría que alguien la cantase con la rigurosidad formal y la riqueza expresiva con que Frasco hizo la suya, a él dedico esta soleá:
No le pidas a un olivo
que ponga en tu pan aceite
sin pasar por el molino.
miércoles 2 de septiembre de 2009
Recuerdos del verano - 2
El alcalde de Cómpeta, amigo José Luís, me honró el año pasado con el encargo de pregonar la XXXIII "Noche del Vino". A disfrutar de la siguiente dirigí mis pasos el 15 de agosto. En una calurosa mañana, cientos de personas congregadas en una de las plazas del pueblo fueron testigos del traslado de la uva al modo tradicional y de la pisa de la misma. Se entregaron los reconocimientos a personas y colectivos que, a juicio de la organización, han destacado por el esfuerzo individual de superación o por los generosos servicios a la sociedad. Merecidos, sin duda, todos ellos. Pero yo me quedo con el ofrecido a Bonifacio Fernández, anciano labrador de cintura quebrada más por el peso del titánico esfuerzo al que se someten quienes entregan su vida a la viña que por el de los años. Conozco bien ese encorvamiento de quienes, sin perder la dignidad, acercan su rostro a la tierra para labrarla, que es la mejor manera de mejorarla.
A Bonifacio, como haría con mi padre si pudiera leerlo, dedico este párrafo del texto con que pregoné la "Noche del Vino" de 2008:
"... quiero que mis emociones sean un homenaje a los hombres de Cómpeta y de todos los pueblos axárquicos de sol y de viñas, de historia tan labrada como las escarpadas tierras que nos acogen, porque en cada racimo de pasas y en cada gota del vino madurado en estas tierras durante siglos están el esfuerzo, las ilusiones, las desazones, la entrega, las decepciones, las alegrías y la salud que se dejaron en barrancos y colinas, arañando las posibilidades de supervivencia que les brindaba el tiempo y el espacio en que les tocó vivir. Y como no tenían bastante con el hercúleo trabajo de la viña para disfrutar de una vida digna, aprovechaban los entreactos de las tareas en sus pueblos para marchar cada primavera a la corta de la caña de azúcar en la vega de Málaga, para ganar el jornal con el sudor de su frente y la esperanza de un mañana mejor para sus hijos. Honor a esos nuestros antepasados que con sus sacrificios nos legaron un presente de bienestar y prosperidad que nos permite mirar al futuro con la confianza de ganarlo"
martes 1 de septiembre de 2009
Recuerdos del verano - 1
Aunque el clima y el período estacional nos hacen ver que todavía estamos en verano, el fin de las vacaciones trae consigo una suerte de estación emocional que nada tiene que ver con las cuatro convencionales.
Me propongo (nunca han de faltar los renovados buenos propósitos) no espaciar tanto las entradas en el blog: por no defraudar las expectativas de los amigos y por imponerme una disciplina que me hace bien cuando la respeto.
Quiero hablaros hoy de la Serranía de Ronda. De mis recientes incursiones en un territorio singular y mágico, atraído por el encanto de su gente, sencilla y noble. Empecé a enamorarme de la Serranía desde el mismo momento en que la conocí y de que no se trató de un "flechazo" inconsistente me convence la evidencia de que mis afectos por ella se agrandan y consolidan conforme mejor la conozco.
Todavía guardo en mis manos el calor de los saludos sinceros de quienes han sido concejales en Montejaque y se reunieron, convocados por el Ayuntamiento, para celebrar los treinta años de democracia local; la saludable manera de vivir la fiesta en Faraján, Cartajima, Cortes de la Frontera; el respeto a la diversidad que preside la celebración de la fiesta de "Moros y Cristianos" de Benadalid; la veneración de un pueblo por la generosa entrega de uno de sus hijos a la "causa de los humildes" apreciada en Alpandeire; el renovado rito del flamenco en Gaucín y Benalauría... Podría nutrir la relación con la totalidad de pueblos serranos y con mucha de su gente, pero se trata sólo de recordar el verano.
Mientras transitaba de un pueblo a otro y de su gente a mí mismo, compuse este polo y soleá apolá, cante que por ser de la tierra que me ocupa dedico a los amigos que dan sentido a mi vida, tanto íntima como pública:
Tierra de hondos manantiales,
de azul cielo y de castaños,
donde la noche conmueve
y es el silencio más largo.
Cuando me den por perdío
si alguien quiere hallar mi sombra
que busque y dará con ella
por los caminos de Ronda.

