sábado, 21 de mayo de 2011

Caravana electoral - y X

La polémica con relación a la legalidad o no de las candidaturas de los radicales vascos primero, y el terremoto de Lorca y el movimiento del 15M después, han determinado los contenidos de una campaña que ya se adivinaba carente de interés, por cuanto el Partido Popular ha venido, desde hace meses, intentando convertir las elecciones locales en antesala de las generales, y en Andalucía de las autonómicas también, de la primavera de 2012 y el PSOE no ha sido capaz de romper con una intención aviesa que ha dado de lado al debate propio que, en buena lógica, merecen unos comicios en los que se eligen los representantes del pueblo, que debieran ir asociados a proyectos diferenciadores, en ocho mil cien ayuntamientos, trece comunidades y dos ciudades autónomas.

Ese municipalismo del que nos llenamos la boca los miembros de todas las formaciones políticas, y ese estado de las autonomías que todos entendemos como pilar fundamental de nuestro sistema político-administrativo, no han sido tenidos en cuenta en la pasada campaña. Son muchas las debilidades, estructurales algunas de ellas, que lastran la gobernanza local y autonómica. No es mucho exigir, por tanto, que las formaciones políticas, que son gobierno o aspiran a serlo, dispongan de un catálogo de medidas aplicables con carácter general, o al menos de un criterio común que impregne las que en circunstancias particulares se programen o adopten.

Pues aunque nada de eso ha sucedido, no han de tardar mucho en ratificar su profundo sentido municipalista, por ser la local la instancia de gobierno más próxima al ciudadano, y bla, bla, bla… los mismos partidos políticos que en la mejor ocasión para demostrar esa implicación han explicitado, por omisión, un mensaje radicalmente contrario. Y volveremos a escuchar lo de la consistencia del Estado de las Autonomías cuando partidos que son, han sido o aspiran a ser gobierno de alguna de ellas son incapaces de ofrecer un programa con principios básicos comunes para el buen gobierno de todas en el preciso momento en que se trata de elegir la instancia legislativa, que posteriormente elegirá la ejecutiva, de cada una.

Una vez más, por el afán de una formación política de deslocalizar el debate, hemos reducido a la mínima expresión el de las ideas y programas, dejándonos abducir por la estrategia envilecedora de aquélla.


Después de haber asistido algunas semanas antes a la presentación de la candidatura, el pasado 19 de mayo volví a la tierra axárquica a participar en el cierre de campaña de los socialistas de El Borge. Sobra cualquier explicación sobre la emoción, añadida a la inherente a la participación en una campaña en la que me he implicado más que en otras anteriores, porque más que en otras se requería en ésta el esfuerzo de todos los militantes socialistas, que me provoca acudir al pueblo del que no he dejado de ser ni uno sólo de los cincuenta y seis años, ocho meses y siete días transcurridos entre mi nacimiento y el día de la fecha.

Los socialistas “arbogeños” han conocido un período de dieciséis años en los que cualquier propuesta, crítica, control… es decir, su labor de oposición, ha sido entendida por el gobierno municipal como una ofensa al pueblo. Izquierda Unida en El Borge tiene la marca propia de los dictadores, que confunden su persona con el pueblo y que no sólo rechazan el análisis, el discurso y la acción que se atreven a cuestionar las consignas del “poder superior” sino que los entiende y juzga como delitos de “lesa patria”

Ante tal estado de cosas, el PSOE local se ha rearmado, cerrando filas y aunando el esfuerzo de todos los militantes en favor del objetivo que justifica la existencia de un partido político: servir al pueblo. Para cuando el suyo le conceda el mandato de gobernarlo, Salvador Fernández dispone de un programa intenso pero viable, aunque es consciente de que lo más urgente, y a lo que se aplicará desde el minuto uno, es romper la estéril y perniciosa manía que de catalogar a los ciudadanos entre pros y contras tienen los actuales dirigentes.


Hasta las elecciones locales de 2007, Pizarra era uno de los tres municipios de la provincia de Málaga en los que, habiendo sido la fuerza política más votada en todas las elecciones europeas, generales y autonómicas, el PSOE nunca había ganado en las locales. Hasta que la candidatura encabezada por Paco Vargas lo consiguió. Los socialistas, que ya antes habían tenido responsabilidades de gobierno en base a pactos con otras formaciones, alcanzaron por primera vez la alcaldía de la localidad del Valle del Guadalhorce.

De los seis concejales socialistas que han formado parte del gobierno pizarreño en el mandato que ahora termina, sólo Isabel Lara lo había sido con anterioridad. Pero el ímpetu que les concedía el deseo de responder a la confianza que sus paisanos les habían otorgado superó con creces la inicial inexperiencia y la implicación desde el primer momento ha dado como resultado una acción de gobierno espectacular que se ha extendido de manera equilibrada por los diferentes núcleos urbanos que conforman el municipio.

Paco, sin actividad política alguna antes de aceptar el difícil reto de acabar con la tendencia al principio señalada, interiorizó desde el primer momento el valor democrático de la representación ciudadana y la oportunidad que se le prestaba de rendir culto a su vocación de servicio público, lo que le ha valido para convertirse en un alcalde sólido, que complementa el ejercicio de la dignidad institucional del cargo con la cercanía al ciudadano. Pizarra tiene alcalde para rato, como coloquialmente suele decir el pueblo.

En Álora cerré la presencia en una treintena de actos que me han servido para seguir convencido de lo equivocados que están quienes piensan que la existencia misma del que desde hace ciento treinta y dos años es el partido de los socialistas españoles puede estar en riesgo en razón de la coyuntura de unos resultados electorales. Nada podrá con un PSOE unido y una plaza llena de socialistas, como afortunadamente he tenido la ocasión de comprobar en los meses pasados en el territorio de nuestra provincia.

El ejemplo de tantos socialistas abnegados, desprendidos y admirables facilita que cualquier lugar sea apropiado para mostrar el orgullo de la militancia en un partido que ha sobrevivido a las más adversas circunstancias y que, incluso en los peores momentos, ha gozado del respeto de un muy alto porcentaje de la población española. Álora es un ejemplo de cómo el PSOE resiste los momentos difíciles y de que contra la desolación no hay mejor antídoto que la unidad y la generosidad en el esfuerzo. Jesús Mora sabe de cómo levantar un partido de la depresión y volverlo a poner en condiciones de recuperar el crédito de los paisanos. Lugar apropiado, por tanto, para reiterar el orgullo de ser socialista y sentirse compañero de tantos perotes comprometidos con el socialismo y con su pueblo.

Epi es un alcalde ejemplar que, sin poner nunca en peligro el valor que para el gobierno de lo público tiene la cordial interlocución con las instancias competentes en cada materia, mantiene un razonable nivel de exigencia ante cualquier administración en la defensa de los intereses generales de quienes para ello le mandataron. Vive por y para una responsabilidad a la que se entrega en cuerpo y alma. Mantiene la autoridad en sus equipos de gobierno porque utiliza el ejemplo como la más contundente de las invocaciones al esfuerzo en favor de Álora y de quienes en ella tienen la suerte de vivir.
Seguirá siendo alcalde.