domingo 15 de febrero de 2009

Pepe Guzmán

Ayer tuve la fortuna de disfrutar de un acto sencillo que, a pesar del alto número de asistentes, se significó por la afectuosa intimidad que la bonhomía y dignidad de quien nos congregaba merecen.

Tratábamos de reconocer la entrega, a su partido y a su pueblo, de un veterano luchador del socialismo y de los valores del compromiso cívico, que vienen a ser lo mismo. Pepe Guzmán no ahorró nunca en esfuerzo y atención si de ayudar a un vecino de Montejaque se trataba. El alcalde de su pueblo lo resumió acertada y gráficamente: "Cuando Pepe fue concejal, había dos ayuntamientos: De ocho a tres, en la casa consistorial y de tres a ocho, en la casa de Pepe". Porque nunca puso hora ni reparos para intentar solventar el problema que acuciaba a quien a él recurría, y siempre lo hizo con respeto y cariño a todos, pero de manera especial a quienes más necesitados están de la acción benefactora de los poderes públicos. Pepe sobrepasó siempre, con creces, esa noble responsabilidad de la representación pública e impregnó sus actos de la complicidad con la que sólo los que están cerca de la gente saben comportarse.

Vivimos tiempos determinados por circunstancias muy distintas a las existentes cuando Pepe se fue haciendo hombre y socialista. Pero hemos de tener presente que ni las nuevas tecnologías, ni las más novedosas estrategias, ni las más originales ideas, pueden superar, y por supuesto nunca sustituir, la carga de compromiso con las ideas de libertad, igualdad y solidaridad que gente como Pepe nos testifica. Si estamos cerca de la gente, si escuchamos a la gente, si nos implicamos en la solución a los problemas de la gente, algún día nos haremos merecedores del respeto que Pepe se ha ganado de esa misma gente. ¡Salud, compañero!

martes 10 de febrero de 2009

Atiendo la petición

Varios amigos me recriminan la actitud absentista que mantengo con este blog al que en los últimos días prácticamente ignoro, más por pereza que por falta de ideas. Y es que las ocupaciones a las que me debo crecen en número y en intensidad y cuando me dejan un tiempo libre sólo me apetece no hacer nada.

De todas formas, como a la amistad me obligo y me ofrecen la posibilidad de servirla con una soleá, ahí va la que sigue, que si bien no es tal en la estrofa, sí que se acomoda al cante del mismo nombre:

Yo he visto que algunos perros
no muerden por más que ladren
y lamen los pies del amo
si les manda que se callen.