domingo 27 de julio de 2008

Disculpas…

… a tantos amigos, pacientes y comprensivos seguidores del blog. Voy a dedicar un tiempo a la reflexión antes de volver a escribir en este espacio que con vosotros he querido compartir. Este período de descanso durará lo necesario para superar la rebeldía que me produce obligarme a la propia censura. Estamos llegando al punto viscoso y resbaladizo en el que el silencio de una parte parece la única salvaguarda de la convivencia responsable.

Callo por no poner en evidencia la diversidad de varas de medir de quienes no tienen sentido de la medida. Callo por no denunciar la actitud de quienes manifiestan complicidad ante comportamientos idénticos a otros con los que se muestran intransigentes. Callo porque entiendo que no merece la pena rebatir a quienes deliberadamente ignoran que no hay en política formas bastardas si se sujetan a la norma legal, reglamentaria o consuetudinaria. Callo por no desenmascarar a quienes piensan que los derechos les amparan sólo a ellos y que el territorio de la democracia no va más allá del círculo de su meada.

Callo pero no es éste el silencio de los tiempos ni el letargo de la memoria.

martes 15 de julio de 2008

Gracias

A los más de diez mil visitantes (quiero suponer que se corresponde con el numero de lecturas) que marca el contador de este blog a fecha de hoy, algo más de cuatro meses después de que en él colgase la primera entrada.

A todos los que en algún momento se han sentido identificados con lo que en él he escrito, han compartido algunas de mis reflexiones, han disentido de lo expresado en otras o se han manifestado en total desacuerdo en ocasiones, y así me lo han manifestado, con sinceridad y transparencia.

A quienes escudándose en el anonimato han entrado en mi blog, que es como decir en mi casa, para proferir exabruptos pensando que me desanimaban e insultaban. No lo han conseguido, pero sí que incremente el aprecio a quienes se identifican de manera directamente proporcional al repudio que me provoca quienes se ocultan.

A los habituales lectores y opinantes: Meli (que se ha lanzado a la cibernética e incruenta competición -http:meligalarza.wordpress.com- sin que hasta el momento la hubiese felicitado. Algunas veces quisiera mostrarme con la emocionante crudeza que tú lo haces, pero el pudor se adueña del teclado. Un beso virtual, a la espera de mejor ocasión), Mateo (bienvenido -http:mateobellido.blogspot.com- a este espacio sin límites que cada vez más acotamos a la expresión emocional. Leerte es una guía clarificadora para volver a la infancia en el recuerdo de las vivencias que con tanto lirismo describes. Un abrazo, compañero), Manolo (que aprovecha las madrugadas que la dedicación a su pueblo le deja libres para mostrar la profunda sensibilidad de sus reflexiones íntimas. En él se cumple el aserto de que la política está necesitada de más poetas y de menos economistas), Antonio (que me ha sorprendido. Malditos los años que nos llevan a pensar que todos los jóvenes están cortados por el mismo sastre. La vehemencia y el radicalismo en los planteamientos esconden a veces, como en tu caso, una firmeza de criterio y claridad de objetivos realmente emotiva. Un abrazo, tío), “Arriba la fiesta” (que me manifiesta el aprecio desde tan verdialero nick -o como se llame-. Juntos tenemos que conseguir que no se vaya por el sumidero el fruto del trabajo de tantos años. Para eso, no me cabe duda de que contamos con muchos que, como tú, no han cerrado los ojos a la evidencia), Anita (menos mal que me he acordado, porque ¡menuda reprimenda! si no te manifiesto una vez más mi admiración y afecto personal, la alta valoración que me merece tu solvencia profesional y la estima en que tengo tu compromiso político. ¡Toma ya!), Miguel Ángel (te vas a aguantar con mi fría mención, a ver si eres más constante en tus comentarios y cuando celebre los veinte mil visitantes te dedico algo medianamente amable), “Carabina” (también te digo que por escribir más no te van a salir callos en los dedos. Que tengas unas buenas fiestas, aunque ya sé que a ti las que te gustan son las de Ardales), Juan (parece que me “descubriste” y te has callado. Venga, hombre, que tus comentarios me ayudaban a humanizar la responsabilidad pública), Julio (en cuyos comentarios y comportamiento aprecio la visión sensible y comprometida de la que tan necesitada está la práctica política de los socialistas), Pedro, Mónica, “Viajero”, Pilar… y tantos otros que, al menos en una ocasión, han querido compartir conmigo algo de ellos mismos. ¡Os necesito!

Y como no voy a estar todos los días ocupado en los agradecimientos, aprovecho la ocasión, cambio radicalmente de tercio y me uno en fraternal abrazo con los cientos de compañeros y compañeras que me han felicitado por el resultado del XI Congreso del PSOE de Andalucía celebrado el pasado fin de semana en Granada. Lo entiendo como vuestro porque, en caso contrario, el éxito no es tal.

martes 8 de julio de 2008

Compromiso

Con las tradiciones y las señas de identidad propias el que el sábado pasado tuve la oportunidad de apreciar por partida triple.

No puede encontrarse mejor escenario para el homenaje de reconocimiento a la labor de un verdialero que la tarde calma y sosegada de la Axarquía, con las uvas, las almendras y los melocotones casi maduros. En ese marco que sólo la naturaleza, la historia y la gente arraigada a ellas es capaz de conformar, recibió Antonio Díaz Frías, fiestero de Periana, el agradecimiento de su pueblo, en palabras y en el abrazo de su alcalde, de su familia y de sus compañeros, que participaban en la XIII edición del Festival Provincial de Verdiales, organizado por la Federación de Pandas de Verdiales y patrocinado por la Diputación de Málaga. Antonio y su laúd son vehículo que nos acerca a la memoria festiva de nuestros antepasados, nos reconcilia con nuestros ancestros y nos reivindica en nuestra singularidad.

Con la noche ya cubriendo los campos regados durante siglos con sudor y esperanzas, el camino, si se toma la dirección adecuada, lleva a Cartaojal, donde merece acercarse para ser testigo del empeño de un grupo de vecinos, ahora comandados por Francisco Javier López, joven presidente de la peña “Paco de Antequera”, por promocionar el arte flamenco, del que se reclaman fervientes enamorados. Tiene mérito mantener durante diez años, con la dignidad con que estos aficionados lo hacen, un festival ejemplar, no sólo por la actitud denodada de sus organizadores, sino también, y sobre todo, por el esmero con que tratan los contenidos que en cada edición exponen a la consideración de los espectadores y escuchadores. Es este un ejemplo en el que la implicación de una institución pública es obligada y no merece más agradecimiento que la íntima satisfacción de los promotores cuando, tras meses de trabajo y desvelos, ya de madrugada, recogen las sillas con la ilusión puesta en la próxima edición.

Las noches de julio abren caminos y no dejan lugar a la pereza, sobre todo si alargar la madrugada tiene la recompensa de apreciar el comportamiento ejemplar de quienes asocian sus inquietudes en favor de un objetivo noble. Así que resultaba obligado saltar de Cartaojal a Campanillas, donde la peña “Rincón del Cante” celebraba la prueba final de la XVII edición de su Concurso Regional de Cante Flamenco. De mi estancia como maestro en Las Castañetas, al inicio de la década de los ochenta, guardo indelebles recuerdos, amigos imperecederos y la condición de socio fundador de la peña organizadora del evento. Teniendo, como tengo, en la máxima estima a tantos vecinos de la Barriada y a la casi totalidad de socios de la Peña, considero de justicia reconocer la meritoria labor que para el mantenimiento de la misma y de su concurso anual ha tenido, tiene y, de seguro, seguirá teniendo Alfonso Muñoz, que tiene más amigos que nietos, y eso ya es difícil. Alfonso compite, y lleva las de ganar, con Manuel Torre en la consideración de persona “con más cultura en la sangre”.

Merecieron la pena las horas, los cientos de kilómetros y el cansancio, porque no hay recompensa como tener la oportunidad de apreciar el compromiso de la gente con ellos mismos y con su memoria y porque no hay mejor premio que estrechar la mano de aquellos a quienes los que “piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas” nunca apreciarán en lo que valen, pero que son “en el buen sentido de la palabra, buenos”.