domingo, 5 de diciembre de 2010

Así, cualquiera

Como quiera que hace unos días el Gobierno de España aprobó la entrada de capital privado en la gestión de los aeropuertos de Barajas y El Prat, ha sido inevitable que en el resto de España se hagan cábalas sobre el futuro que aguarda a los aeródromos locales. En Málaga, se extiende el rumor de que puede ser el Pablo Ruiz Picasso el próximo en incorporarse al proceso de privatización.

Por tanto, es inevitable que la prensa interese de los responsables públicos la opinión sobre asunto de tanta actualidad y repercusión. Hoy he visto publicada una pieza informativa en la que aparece la mía: tras confesar que carezco de elementos de información suficientes para emitir un juicio contundente, me muestro partidario de que se mantenga el carácter público de nuestro aeropuerto internacional. No parece lógico que tras inaugurarse hace unos meses la nueva terminal, que posibilitará un tránsito de treinta millones de pasajeros anuales por él, y con la expectativa de la entrada en funcionamiento de la segunda pista ahora en construcción, el efecto inmediato sea que el capital privado obtiene beneficios a costa de la inversión pública.

En la misma pieza a la que hacía referencia, un analista económico, que debe ser de los más inteligentes porque tiene un cargo de mucha relevancia entre los de su ramo en Andalucía, afirma que la iniciativa privada gestiona con más eficiencia que la administración pública. Primer desacuerdo: esa afirmación es más un tópico que una realidad. La gestión privada de un bien procura obtener beneficios económicos, pero ese no sólo no debe ser el único sino que no puede ser, en la mayor parte de los casos, el más importante objetivo para una empresa pública. Así que no se comparen peras con manzanas para llegar a la conclusión que interesa. Además, si se hiciera de público conocimiento el número de empresas privadas que cierran cada día por causa de la mala gestión de sus directivos, el tópico se desmoronaría.

Prosigue el portavoz de los analistas andaluces aventurando que probablemente sólo suceda en el caso de Málaga que el capital privado esté dispuesto a incorporarse a la gestión del aeropuerto y que tal circunstancia, previsiblemente, no se producirá en los del resto de Andalucía. Segundo desacuerdo: ¿Dónde están entonces los criterios de eficiencia? Para ser consecuente con su anterior pronunciamiento con relación a los beneficios de la gestión privada sobre la pública, el avezado economista podría haber manifestado que privatizando los aeropuertos de Sevilla, Granada, Jerez de la Frontera, Córdoba y Almería se vería de inmediato que empezaban a ser rentables como consecuencia de la eficiente gestión de sus nuevos propietarios.

Pero me temo que no van por ahí los intereses de quienes defienden la entrada de capital privado en la gestión de los aeropuertos. A la vista de algunas otras declaraciones en consonancia con la antes analizada, se pretende establecer el criterio de eficiencia en la gestión privada para los aeropuertos con instalaciones modernas y con un número elevado de usuarios y dejar el resto en las “inexpertas manos públicas”. Así, cualquiera. Si terminan imponiéndose los criterios exclusivamente economicistas y se privatizan sólo los aeropuertos potencialmente rentables, sería deseable que la administración pública siga garantizando que los habitantes de ciudades con aeropuertos poco o nada rentables puedan conectarse por ruta aérea con otras ciudades. El Estado, entonces, no habrá hecho dejación de la obligación de favorecer la igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos de su territorio y hasta puede que, al contar con los ingresos derivados de la participación de la iniciativa privada en una empresa hasta ahora de capital público, el gobierno dé marcha atrás en la decisión de no prorrogar el subsidio de 426 € mensuales para quienes han agotado las prestaciones por desempleo contributivo.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Papafritas

No existe en el Diccionario de la Real Academia Española el término “papafrita” referido a una persona pero, en razón de las aptitudes y comportamientos de aquellas a las que se les aplica por el ingenio popular malagueño, podríamos definirlo como “majara con estudios”.

Estudios, cara de repelente y afectación a raudales tiene Juan Manuel de Prada, que alcanzó el honor de ser el primer intelectual en burlarse de las lágrimas que, en el acto de su relevo, derramó el que hasta hace unas semanas era Ministro de Asuntos Exteriores. Como parece ser que la imaginación y la capacidad de fabular se le agotaron hace años, echó mano de la leyenda de Boabdil y de su madre después de que el primero entregara Granada a las tropas cristianas. A pesar de ese desprecio a la expresión emocionada de Moratinos, no es precisamente la de recio varón la imagen que desprende el que pasa por ser uno de los más apreciados columnistas de la derecha más reaccionaria.

Estudios, cara de chulo y prepotencia desbordada tiene Pérez Reverte, a quien por ser miembro de la Real Academia Española se podría encargar la defensa de la inclusión del término con el que titulo esta entrada en la próxima revisión del Diccionario, aprovechando la cada vez más frecuente similitud de su comportamiento con el que se le supone al “papafrita”. Éste no tiró de fábula histórica, seguramente porque las que aún no ha utilizado las guarda para futuros guiones cinematográficos, y con la educada expresión que es de esperar en todo un señor académico definió a Moratinos como “un mierda”. ¡Qué firmeza impoluta! ¡Qué temperamental aplomo! ¡Qué gallardía sublime! ¡Qué sosiego procura la contemporaneidad con tan irreductible baluarte de la raza hispana!

Menos mal que el descrédito que sufrió el académico ante los blandengues insensibles a tan fervorosa muestra de entereza quedó minimizado por los efectos de la “doctrina González Sinde” que, aunque estoy seguro que el alto nivel de conocimiento de su autora hace innecesaria la aclaración, como tal ha quedado registrada la argumentación de la Ministra de Cultura (que también tiene estudios) en el sentido de que los intelectuales están legitimados para opinar sin limitación de tipo alguno de aquello que consideren oportuno. Desconozco si la deposición ministerial tiene efectos retroactivos y se puede acoger a sus beneficios quien comparó la emoción de Moratinos con la que al rey moro causó la pérdida de Granada. Como desconozco si la Ministra considera que el resto de los mortales, aunque no seamos intelectuales, podemos opinar con libertad y respeto, eso sí, de aquello que bien nos parezca.

Quien, seguro, no se beneficiará de la patente de corso que la Ministra concede a los intelectuales es el Delegado de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, por carecer de méritos siquiera mínimos para ser considerado como tal. En razón de la intervención que el pasado jueves protagonizó en la sesión plenaria en la que se debatía sobre el rechazo del proyecto presentado para la nominación de Málaga como capital cultural de Europa en 2016, tampoco parece que los estudios le hayan servido para mucho, pero paso por alto tal extremo con el fin de no rebajarle la condición que su aptitud y comportamiento merecen. Resultó el mentado Delegado un aventajado epígono del columnista amante de los cuentos de la Alhambra y no quiso desperdiciar la ocasión de insultar a Miguel Ángel Moratinos, sin darse cuenta de que actuaba como portavoz de aquellos a los que nadie exige lágrimas, pero sí al menos una responsable autocrítica por el fracaso de lo que no supieron defender con la entrega y convicción que la ocasión exigía y los malagueños merecíamos.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Redes

No tengo nada contra las que, aunque el nombre original haya perdido actualidad a favor de nuevas denominaciones, fueron en un principio llamadas nuevas tecnologías. Más aún, entiendo y estoy convencido de que para el desarrollo ordenado de la sociedad actual son ineludibles e imprescindibles. Tal vez por eso me resulta difícil comprender que hagan mal uso de ellas aquellos a los que suponemos la formación suficiente para que su comportamiento no entre en colisión con el uso racional de lo que, al fin y a la postre, no es más que una herramienta, manipulable por tanto, que amenaza con convertirse en el quinto poder, ocupando por invasión parte del cuarto y condicionando la configuración de los tres primeros desde un espacio que escapa a los controles democráticos.

No estoy en las redes sociales. Puede que la tendencia arrolladora acabe envolviéndome y termine por incorporarme a las mismas ante el temor de ser catalogado de antediluviano. En estas cosas conviene resistir lo necesario, pero no hasta el punto de quedarse aislado en la defensa de posiciones refractarias. A pesar de que no participo de las mismas, como decía, amigos que sí están en esas redes me informan de lo que por ellas circula, lo que me atrinchera más en la intención de permanecer, por ahora, al margen de una situación que, me parece, no aporta gran cosa a la sociedad de la información y el conocimiento.

La misma que se fortalecería si un diputado que tiene la posibilidad, y la aprovecha, hace llegar a sus electores y a los ciudadanos en general las iniciativas parlamentarias de las que es protagonista él mismo o la formación a la que pertenece, los trabajos a favor de aquellos a los que representa, las iniciativas que ronda por su mente. O si un concejal pone a disposición de quien quiera acceder a ella información de los esfuerzos que, desde el gobierno o la oposición, realiza a favor de la mejora de la calidad de vida de sus vecinos, las propuestas en las que trabaja, los proyectos que prepara. O si un profesional comparte con todos, de manera especial con quienes puedan tener su mismo campo de intereses, las inquietudes, la experiencia, las aspiraciones. O si un empleado reclama solidaridad ante la difícil situación por la que atraviesa la empresa para la que trabaja. O si un estudiante se sirve de la facilidad en el contacto para solicitar aclaración ante cualquier duda que le surja en su ocupación. O si una mujer o un hombre utilizan el medio para trasladar proclamas a favor de la igualdad.

Claro que, entonces, nadie se preocuparía por los daños que puede ocasionar una herramienta de uso masivo que se utiliza de manera improcedente. Y es que, por asemejarse a lo tratado en el antiguo patio de vecindad o a la bazofia imperante en la mayoría de las televisiones en horarios cada vez más amplios, nada me interesa la playa en que se bañen, la hora en que tomen café, la manera en que se vistan, el lugar en el que piensan pasar las vacaciones, ni nada que afecte a la intimidad de los diputados, los concejales, los profesionales, los empleados, los estudiantes, los hombres y la mujeres.

martes, 5 de octubre de 2010

Es posible

Durante años, pensé que nunca sería capaz de conseguirlo. Se trataba de algo más que una costumbre. Era reciente mi adolescencia cuando tuvimos conocimiento el uno del otro. Con el paso del tiempo, se hizo tan constante y profunda nuestra relación que, cuando quise darme cuenta, era un súbdito de su dominio tirano. Durante más de cuatro décadas, lo que empezó como un juego inocente se fue transformando en un hábito del que me era imposible la redención. Al tiempo, lo maldecía y lo buscaba. Cuanto más intentaba prescindir de él, más lo necesitaba.

Sé que de por vida estaré expuesto al peligro de su acechante amenaza. Pero sé, también, que no son sus almenas inexpugnables. No aceptamos más que la enseñanza obtenida de la propia experiencia y nos cuesta reflejarnos en la de los demás, pero por si la mía sirve a quien esto lea y esté buscando deshacerse de la dependencia del tabaco, sepa que después de cuarenta y un años de fumar, en ocasiones tanto como me daba tiempo, hoy hace un año que dejé de hacerlo.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

¿Ponerse colonia antes de la ducha?

Es la imagen-duda que me provocan algunas de las decisiones que tienen que ver con la ordenación urbana de la Málaga para el futuro.

Para no perder la oportunidad de disponer en la ciudad de un edificio singular diseñado por un arquitecto de relumbrón, y toda vez que de manera definitiva se renunció a que el Puerto de la ciudad acogiera una construcción con vocación de emblemática, se cambia la ordenación de la zona centro para dar acogida a un hotel cuyos promotores han tenido la fortuna de haber encargado el proyecto técnico a Rafael Moneo. Se cambia la ordenación doblando el número de plantas permitidas por la norma en vigor y no solamente para el hotel sino que, desde el Pasillo de Atocha a La Goleta, en toda la cornisa del Guadalmedina podrá construirse en idénticos términos.

Seguramente quienes tienen la responsabilidad de favorecer un crecimiento racional y armonizado de la ciudad habrán previsto, al mismo tiempo que la elevación de los futuros edificios, la manera en que se va a dar salida a los flujos de tráfico que generará una población residente de crecimiento exponencial, una vez la zona se vaya desarrollando conforme a las modificaciones ahora propuestas.

Quienes tienen la responsabilidad de dar respuesta coherente a las posibilidades de desarrollo de la ciudad habrán pensado, una vez decididos a ampliar antes que a rehabilitar, habrán decidido, digo, qué hacer con el espacio de ruina desolada limitado por la Avenida de la Rosaleda, La Cruz del Molinillo, Ollerías y Carretería, que quedará a espaldas de esa fila de bloques de diez pisos.

Estoy seguro que quienes han propiciado tan sustancial modificación del Plan Especial hasta ahora de aplicación tendrán decidido qué hacer con el Guadalmedina, a no ser que pretendan favorecer en pleno centro de la ciudad una zona residencial, de muy baja densidad hoy pero elevada en función de las expectativas abiertas, cercada por el desértico amasijo de calles y edificios fantasmales y por la espina del cauce seco, más doliente aún si se acomete una ordenación de la zona que no contemple dar respuesta a la histórica frustración del río-pantalla.

Tal vez algunas de las interrogantes que planteo tienen respuesta en el mismo acuerdo que permite la modificación del Plan Especial. Pueden estar convencidos de que deseo que así sea y que mis temores resulten infundados. Mientras obtengo más y mejor información, si es que alguna instancia dispone de ella, me asalta una duda que no deja de ser una curiosidad menor: ¿las diez plantas, en el caso del edificio de las antiguas Galerías Rodríguez, se computarán tomando como referencia la Avenida de la Rosaleda o la Calle Carretería? Y otra: ¿creará la decisión respecto al “hotel de Moneo” precedente con relación a futuras actuaciones urbanísticas cuyos promotores pretendan darles singularidad contratando para la redacción del proyecto técnico a un prestigioso y afamado arquitecto?

Por el bien de la ciudad, ojalá todas las incertidumbres aquí planteadas sean sólo tales y el acuerdo alcanzado sea la garantía para el desarrollo integral, y no sólo residencial, de un espacio que puede convertirse en modelo para una amplia parte del centro histórico de Málaga que aún carece de él.

martes, 21 de septiembre de 2010

Reparación

El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía, en su reunión de hoy, ha acordado indemnizar con 1.800 Euros a las mujeres andaluzas que sufrieron vejación durante el franquismo.

Desgraciadamente, no serán muchas las que, cumpliendo los requisitos exigidos para optar a la ayuda, puedan percibirla. Ha pasado mucho tiempo. Demasiado tiempo de silencio, de rebeldía disimulada, de mirar para otro lado. Pero, no obstante, ha sido corto el tiempo para el olvido. Porque cuando la memoria es parte irrenunciable del patrimonio individual no hay manera de ocultarla, no hay posibilidad de ignorarla.

En los primeros días de febrero de 1937 las tropas sublevadas contra la República entraron en El Borge, mi pueblo de la Axarquía. Al día siguiente, todas las mujeres que habían manifestado su afección al legítimo gobierno de España fueron retenidas. Mandaron por aceite de ricino a Vélez-Málaga. El enviado volvió sin el encargo porque, según manifestó, no lo encontró en parte alguna. Todas las mujeres, jóvenes, maduras y ancianas, fueron rapadas.

Entre esas mujeres estaban mi madre y Victoria, prima hermana por dos veces de mi padre, que son las únicas que aún viven. Al siguiente del infausto día de la toma de mi pueblo por el ejército fascista, las obligaron a marchar en procesión detrás de una imagen religiosa.

Quienes me conocen, tal vez entiendan con esta entrada por qué me niego a asistir a cualquier procesión. Y es que, cada vez que siento pasar una cerca de donde estoy, veo el rostro sorprendido de una joven con el pelo violentamente cortado. Afortunadamente, la vida me ha deparado la oportunidad de ver como aquella adolescente lleva con dificultad, pero los lleva, casi noventa años de coraje y dignidad.

Cuando mañana se lo cuente, estará contenta y orgullosa de saber que un gobierno socialista mantiene la memoria. La misma que ella nunca ha perdido.

Como el efecto reparador del reconocimiento institucional supera el valor de cualquier prestación económica, lo que hoy ha aprobado el Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía supone, para mí, poner mil ochocientos cabellos largos y fuertes en la limpia cabeza de una niña de dieciséis años.

sábado, 11 de septiembre de 2010

¿Osadía o ignorancia?

Deberíamos quienes nos dedicamos a la práctica política (más necesaria en tanto que más interesados en devaluarla, como primer paso a su desaparición, lleven a cabo su apocalíptica negación) procurar decir el menor número posible de tonterías. Sería deseable no decir una sola, pero soy consciente de que ello nos resultaría difícil, dado que en cualquier momento y lugar hemos de someternos, voluntariamente unas veces y porque estamos deseándolo otras (aunque también es verdad que, aunque menos, hay ocasiones en que somos solicitados), al público pronunciamiento sobre las más diversas cuestiones, intentando suplir con audacia y valentía el desconocimiento de la materia sobre la que nos vemos obligados a opinar si para ello somos requeridos de manera inesperada, lo que a menudo sucede.

Porque no siempre es la misma la presión a la que estamos sometidos en función de las dificultades de la acción de gobierno o de oposición, del clima social más o menos favorable a nuestras posiciones, de las decisiones propias o las de otras administraciones que influyen sobre aquella a la que nos debemos, y de una larga serie de circunstancias que condicionan el ejercicio de la política tanto en el plano orgánico como institucional, no es difícil apreciar períodos en los que estamos más espesos, dialécticamente abotargados, impertinentes incluso. No me excluyo, por supuesto. De ponerlo de manifiesto ya se encargan otros, con mayor o menor inquina, según el opinante sea del propio partido o de alguno de los adversarios. Advierto que en el párrafo anterior, desde “con mayor…” a “adversarios”, el orden de las palabras responde a la intensidad en el comportamiento. Por razón de convencimiento democrático, no entro a calificar la manera de criticar y evaluar nuestra actuación que lleva a cabo la prensa. La prensa democrática, quiero decir.

Viene esto a cuento de que, en la última semana, el presidente provincial del Partido Popular en Málaga se está superando a sí mismo. A la vista está que sus esfuerzos han conseguido hacerle líder del pelotón, contribuyendo a ello, en un primer momento, el interés mostrado en capitalizar de manera exclusiva, a través de las redes sociales, el paso de la vuelta ciclista a España por la ciudad de cuyo ayuntamiento es teniente de alcalde. No menos determinantes resultaron sus declaraciones sobre el Museo Picasso Málaga tres semanas antes de que tengamos que defender ante los responsables de la Unión Europea el proyecto de capitalidad cultural en 2016. Y concluyentes, entiendo, son las afirmaciones que esta misma tarde leo del señor Bendodo. Hablando de la estrategia electoral de su partido en la ciudad de Antequera dice que los socialistas (se refería, probablemente, a los de Antequera, pero yo me corresponsabilizo de la acción de mis compañeros mientras no se evidencien lesivas para la ciudadanía o delictivas) tenemos a Antequera por nuestro cortijo.

Me ahorraré adjetivos que, a borbotones, me vienen a la mente para calificar la afirmación que el señor Bendodo sólo ha podido hacer porque es un osado o un ignorante. De otra manera no se le hubiera ocurrido venir a Antequera (¡a Antequera!) a decir que los socialistas la tenemos como nuestro cortijo. Eso es osadía. E ignorancia es venir a decir lo que ha dicho a una tierra que ha sufrido, tanto como la que más de Andalucía, los excesos del latifundio. Y nunca fueron socialistas los propietarios. Una tierra en la que su gente sufrió con crudeza (y viven todavía muchos que pueden contarlo) humillaciones sin fin en cortijos cuyos propietarios no eran socialistas. Una tierra en la que los propietarios de muchos cortijos, que no eran socialistas, no tenían pudor en mandar echar a los cerdos algunos alimentos, antes de calmar con ellos el hambre de los jornaleros.

El señor Bendodo es sin duda afortunado si de niño no vio a su padre salir con la hoz, los deíles y una manta casi por exclusivo equipaje, a un cortijo de Gobantes, ya que de Antequera hablamos. Si algún día viene al caso puedo hablar también de Écija o de Osuna, por señalar los lugares a los que de manera habitual salían cada año las cuadrillas de segadores de mi pueblo. Y más afortunado todavía es el presidente provincial del Partido Popular si nunca vio a su padre regresar varias semanas después “renegrío”, con la cara cuarteada por el sol más asesino que abrasador, con cortes en las manos y en los brazos, con una curvatura en la espalda que tardaba días en desaparecer…

Aunque no las olvido, no voy a reproducir las historias que de los cortijos de Antequera contaba mi padre. Pero tengo la certeza de que en todo el término municipal de Antequera (de los más grandes de España) la realidad es bien distinta de aquella que sufrió la generación anterior a la nuestra. Y con quien ponga en duda que la acción de gobierno de los socialistas en España, en Andalucía, en la provincia de Málaga y en Antequera ha sido el eje que ha movido el cambio al progreso y al bienestar de estas tierras y de su gente, no voy a debatir, porque nunca lo haré con quien mantenga posiciones de ofuscamiento, bien por sectarismo, bien porque su coeficiente intelectual no da para más. O bien porque está obsesionado con volver al tiempo de los cortijos.