martes 17 de marzo de 2009

Por un Estado laico

No soy creyente. Y para ser leal con mi conciencia no he necesitado, hasta ahora, ni hacer pública confesión de aquello en lo que no creo, ni apostatar, ni manifestar irreverencia hacia el objeto de mi incredulidad.

Manteniendo inalterable mi respeto a las personas de firmes y sinceras convicciones, en razón de que la iglesia católica, en España y en estos momentos, mantiene una actitud que desborda su labor pastoral (que habría de limitar mensajes y recomendaciones a sus fieles) y entra de lleno en un proselitismo más cerca del "mundo terrenal" que del "reino de los cielos", considero llegado el momento en que desde la Administración del Estado se aborden los cambios normativos necesarios para que desaparezcan los privilegios de los que viene gozando aquélla.

Y que la iglesia católica, en España y en estos momentos, desarrolle su labor propagandística en igualdad de condiciones y sometida a los mismos controles que el resto de organizaciones confesionales y partidos políticos.