Hace sólo unas horas he asistido al entierro de Francisco Perujo, fallecido ayer en accidente de tráfico ocurrido en la A-357, entre Ardales y Campillos. Después de más de tres décadas emigrado en Suiza, y una vez jubilado, hace algo más de un mes que Francisco había vuelto a su pueblo con la intención de quedarse para siempre en él. Nadie podía pensar que ese "para siempre" fuese tan trágico y tan inmediato.
Francisco era un andaluz orgulloso de serlo y dispuesto siempre a trabajar por la cultura andaluza por el camino que para él era más querido: el flamenco. Desde hace años, venía organizando diferentes eventos en ciudades suizas. Ese afán de promocionar lo más genuinamente nuestro y de difundirlo en tierra extraña culminó en 2004 con la organización del I Festival Internacional de Ginebra, del que se han celebrado cuatro ediciones.
En ese Festival, además de la celebración de conferencias, talleres y cursos relacionados con diferentes aspectos del arte flamenco, han participado artistas de la relevancia de Ángeles Gabaldón, Rafael Campallo, María del Mar Moreno, Terremoto de Jerez, Carmen Linares, y los malagueños Rocío Molina, Antonio de Verónica y La Lupi. Toda una proeza, si se tiene en cuenta que Francisco contaba, de partida, con escasísimos medios y tenía que llamar a muchas puertas para cuajar una programación digna. La Diputación de Málaga ha colaborado en algunas de las ediciones, aunque la aportación siempre ha estado por debajo de las ganas e ilusión que este ardaleño ponía en el empeño.
Desde su vuelta a Ardales, Francisco era asiduo de la Peña Flamenca "El Castillo". Precisamente allí, el pasado sábado, unas horas antes de su muerte, ante una copa de vino tinto, me hablaba con entusiasmo de sus proyectos para la quinta edición del Festival Internacional de Ginebra y comentamos los presupuestos económicos que estaba barajando para conformar el elenco artístico del mismo.
Francisco era padre de Sylvia y Antonio Perujo, dos extraordinarios bailaores a los que el hecho de haber nacido y residir desde entonces en tierra extranjera no ha alejado de la razón telúrica que guía el comportamiento de quienes guardan memoria de sí mismos. El pasado mes de septiembre, los dos hermanos maravillaron al público asistente al Festival Flamenco de Ardales y, pocos días después, Antonio debutó en el Teatro Cervantes de Málaga formando parte del espectáculo "Eres de la mar estrella", programado en la segunda edición de "Málaga en Flamenco".
Hoy, mientras numerosos ardaleños pasaban ante la familia en el rito del pésame, sobre el ataúd permanecía un sombrero de ala ancha con el que, cuando terciaba la ocasión, Francisco reivindicaba su condición de andaluz y de flamenco. Descanse en paz.

